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Sexo: ¿Comida rápida o restorán gourmet?

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Hay frases que nos dan luces sobre la forma en que cada ser humano vive y siente su sexualidad. Algunas palabras que refieren al sexo conceptualmente: “hacer el amor”, “tener amorcito”,  “tener sexo”, “tener relaciones”, “tirar”, “follar”, “pisar”, entre otras.
Es interesante escucharlo en las parejas que llegan a la consulta. Ella refiriéndose al acto como “hacer el amor” y él expresándolo como “tirar”. Estas manifestaciones dan ciertos destellos sobre cómo cada sujeto vive su experiencia erótica desde diferentes perspectivas e incluyen en ella valores o emociones, que no necesariamente ambos comparten o buscan compartir mediante una relación sexual.
En muchos casos, sucede que se logra un complemento armónico, donde la sexualidad de la pareja se mueve alrededor de “follar” y “hacer el amor”, y obtenemos una estabilidad en la vida afectivo/erótica, que muchas parejas anhelan tener.

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PLATEA VIP: ENTRE EL TEATRO Y EL CINE

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foto_rotos-de-amor_11.JPGcriatura-de-la-noche.jpgA riesgo de ser escueta, esta vez les recomendaré dos manifestaciones diferentes: la obra de teatro Rotos de Amor, en cartelera en el Teatro Mori Parque Arauco, y la película sueca Criatura de la Noche, nombre en español poco asertivo en comparación al original (Deja entrar al correcto).  La primera es una pieza escrita por el argentino Rafael Bruzza, que muestra a cuatro machos heridos por el desamor. Por supuesto, los padecimientos de cada uno son risibles y extremos. Está el que no habla desde que murió su mujer hace 16 años (Bastián Bodenhöfer), el que no se atreve a acercarse a una mujer (Alejandro Trejo), el expulsado del lecho conyugal por roncar demasiado (Christian Zúñiga) y el que fuera reemplazado por no saber bailar tango (Mateo Iribarren).  El gran mérito es el ojo de Iribarren, quien también dirige, ya que concibió la puesta en escena con un sutil trabajo de clown. Es así como los actores, ataviados con grandes ternos, realizan una suerte de coreografía escénica, tocan instrumentos y usan detalles payasescos (burbujas, lentes de plástico). Esta opción potencia los textos y el talento del cuarteto protagónico.

Criatura de la Noche es una película sueca, basada en la exitosa novela Deja Entrar al Correcto, de  John Ajvide Lindqvist, también guionista del filme. Con sutileza y maestría, la historia de Eli, una vampira de 12 años, se transforma en un canto a la otredad, a la diferencia, a través de su encuentro con Oskar, un niño de la misma edad víctima de bullying. Estos dos seres solitarios se hacen amigos y se potencian. Entonces, más allá de la sangre, que hay, y de los colmillos, que también hay, la película se convierte en una especie de iniciación a la adultez, de despertar a la maldad del mundo, al sexo y también al romance. Nada que ver con Crepúsculo o Luna Nueva, productos descafeinados para consumo masivo. En Criatura de la Noche hay poesía, hay nostalgia.  Y algo que decir.

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PLATEA VIP: UN GESTO DE AMOR

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“Ojos que Suenan” es el decidor nombre que la actriz Elena Muñoz le dio a la pieza teatral que escribió inspirada en su amistad con Alberto Vega, actor y director de la escuela de teatro de la U.C., que en 2006 cayó de su bicicleta y quedó inmovilizado. Locked in (encerrado en sí mismo) es el síndrome que lo mantiene dentro de un cuerpo que no responde. Y que sólo le permite mover los ojos. Es difícil acercarse a “Ojos que Suenan” desde el intelecto, porque destila humanidad, amor, entrega, lazos, paciencia, incondicionalidad. Trasciende las formas para instalarse en un ámbito más profundo. Es un manifiesto a la AMISTAD VERDADERA, ésa incondicional, aguerrida, jugada, a la que no le importa que uno de los amigos no se comunique ni pueda manifestarse físicamente.  Los que rechazan a las personas que hablan mucho, ¿podrían asumir una relación con alguien que no lo hace? Seguir leyendo »

Pluma Rosa: “Hasta que la Muerte Nos Separe”

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Llevaba un mes tendido en una cama de hospital, lugar donde día a día parecía ir perdiendo todo aquello que siempre lo había hecho ser él. Su desbordante alegría, que siempre desembocaba en un envidiable conformismo, de aceptar un nuevo día, como un lujoso regalo de simplemente estar aquí, viviendo. Parecía ser que él, se preparaba para algo, algo sobre lo que nadie tenía la oportunidad de decidir. Seguir leyendo »

Poemas de amor

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Tú estás en mi sangre. No hay nada que pueda hacer sin ti, porque tú vivas conmigo. Y a cada rato yo pienso del edificio tan cerca, en lo cual he visto a tus ojos por primera vez, hace tres años“. Si esto no es amor, no sé qué lo puede ser. Se trata de un extracto tomado al azar de una de las tantas cartas que le mandó Gabriela Mistral a Doris Dana y que fueron publicadas en el Artes y Letras de El Mercurio el sábado. Las misivas forman parte de “Niña errante”, un libro epistolar escrito por Pedro Pablo Zegers, conservador del Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional y que desde ayer está disponible en librerías. Al leer las cartas, se vive una verdadera historia de amor, de esas tortuosas, en las que hay una parte que ama con pasión y sin condiciones (excepto por el calienta camas que le pide Gabriela a Doris) y una contraparte que no responde, al menos de la manera esperada. Un amor profundo de una mujer a otra mujer, un pecado, casi un delito en esa época. Seguir leyendo »

Pluma Rosa:¡No se puede vivir del amor!, ¿o sí?

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¿Alguna vez han pensado qué sucedería si pudiéramos vivir el amor libremente? Me refiero a la posibilidad utópica de simplemente no tener que preocuparse por aquella presión constante que la sociedad nos hace sentir sobre un hecho que jamás debería estar matizado por otro que no seamos nosotros mismos; es decir, elegir. ¿Se han cuestionado este hecho? ¿Cuántas de nuestras decisiones están teñidas de lo que la sociedad exige como lo necesario para vivir la vida? ¿A quién no le ha atormentado jamás aquél dicho y canción que dice “no se puede vivir del amor”? Quién no ha pensado a veces que quizás tiene a su lado al amor de su vida, pero ¿de que vamos a vivir? y sobrevienen las dudas como: “quizá no me convenga”, “tengo que buscar a alguien que me de estabilidad”.

En la clínica me han tocado dos versiones respecto a este mismo hecho (me remito al mayor número de casos, o sea, género femenino). La mujer que se casó con el amor de su vida, con aquél que le mueve el mundo, con aquél que cada vez que puede le saca mil sonrisas, con aquél que prometió vivir por y para ella con el fin de hacerla feliz. Pero claro, contextualizando el caso a nuestro país, o sea nuestra sociedad próxima, el hombre no tenía la carrera con futuro, el “sostén” de una familia con bienes, el futuro más menos estructurado. Por lo tanto, el amor se va desgastando, las discusiones por “plata” van matando “las mariposas”, y aunque el amor sea intenso cada vez que están juntos, la problemática económica se transforma en el tópico habitual.

El otro caso pues, es aquella mujer que quizá dejó pasar al hombre anterior, ya que la presión social no le permitió “jugársela” y optó por buscar la estabilidad. Sea ésta económica, emocional, sexual, valórica, en fin, la anhelada estabilidad. Sin embargo llegan cuestionándose la vida desde una manera muy particular. Se sienten bien, tranquilas, pero es una tranquilidad tan conmovedora que las mantiene constantemente preguntándose como habrá sido vivir al lado de un hombre que les provocara todo lo que alguna vez sintieron, esa sensación de estar vivas, de sentirse plenas, de mirar a los ojos del otro y sentir que la vida no tendría sentido si no estuviese a su lado. En fin señores, la mera sensación de sentirse enamorados. ¿Quiénes aún lo sienten? ¿Cuántos quizá lo asemejan a un hermoso recuerdo? ¿Cuántos se arrepienten por no haber optado por eso? ¿Cuántos otros reafirman que del amor no se vive? Otros dirán, ¿y porque se omite la estabilidad, si quizá pueda realmente ser placentera? Y la verdad que sé yo. Pero si sé y creo, que somos seres polares, que por mucho que estemos estables, tendemos hacia algún extremo. A la vez, sostengo que por aquella extraña pero inherente curiosidad humana, siempre y para siempre nos cuestionaremos qué hubiese sucedido de haber elegido otra opción (sea consciente o inconscientemente).

Para finalizar, me gustaría contarles de una señora que tiene 78 años que traté por casi 4 meses. Ella lloró contándome que toda su vida estuvo enamorada de un hombre que no era su marido, un hombre que amó desde muy joven. Y siempre me repitió que creyó estar enamorada de su marido porque lo amó por el tipo de persona que era. Al otro, me explicó, lo amó y ama por lo que la hacía sentir, por lo que provocaba en ella. Señores, de este caso saqué la conclusión más sana que he sostenido, enamorarse no implica lo que la otra persona es, hace para ti, tiene, vive, etc. El enamorarse implica lo que esa persona que elegiste te hace sentir.

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